¿PELIGROSOS LOS PERROS? PREJUICIOS Y APLICACIÓN DEL NUEVO CÓDIGO DE POLICÍA EN BOGOTÁ

PELIGROSOS LOS PERROS

Por Manuela Mattos Torner & Hugo Ramírez.

Albert Einstein dijo una vez con tristeza que en nuestra época es mucho más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. El nuevo código de Policía, reglamenta en el titulo XIII, capítulo IV la tenencia de los llamados “perros de razas peligrosas”.

Más que una aporía por parte de quienes somos propietarios de alguna de las 14 razas de mascotas incluidas dentro del nuevo código de policía, este artículo busca reflexionar acerca de una cuestión que consideramos con un trasfondo aún mayor, y ésta es la forma en la cual se regula, se implementa y se estructura una norma que en apariencia está dispuesta a regular el uso y tenencia responsable de estas razas y promover comportamientos que mejoren la convivencia.  Sin embargo, en el fondo nos lleva a reflexionar no sólo sobre los prejuicios que guían la aplicación de ésta y otras disposiciones legales, sino también de los tiempos dispares y el tipo de cumplimiento que dichas ordenanzas generan.

Este no es un texto centrado exclusivamente en la tenencia de una mascota. Buscamos ir un paso más allá y evidenciar cómo en los espacios más pequeños de la relación cotidiana de los ciudadanos frente a las normas, se esconden no sólo arbitrariedades, sino pluralidades de significados que se le asignan a una misma disposición.

  1. Los bienes Club (la tenencia de un perro como un bien público impuro)

Bien Club

El profesor Freddy Cante, como ningún otro ha sabido rescatar la obra del economista James Buchanan y su idea de los bienes públicos impuros, o también denominados “bienes club”. En síntesis, parafraseando la idea de ambos autores se puede decir que en las sociedades existen bienes públicos que en apariencia son de acceso a la gran mayoría, como el sol que calienta las tardes bogotanas, el servicio de los semáforos para peatones y conductores, las sillas de un parque público, pero a su vez existen bienes que por las mismas condiciones que genera la sociedad terminan por convertirse en bienes club (a pesar de su apariencia de bienes públicos). Estos bienes club tienen restricciones muy específicas para su acceso y si bien en apariencia pueden ser disfrutados por el conjunto de la sociedad, lo cierto es que se convierten en el privilegio de unos pocos.

Según el nuevo código de policía, para ser propietario de una mascota catalogada como “potencialmente peligrosa”, los ciudadanos deben:

  1. Sacar a la mascota con bozal (con un costo de $20.000 pesos en adelante) y correa.
  2. Registrar al ejemplar en el censo de razas peligrosas de la Alcaldía Local. No obstante, para ello el dueño debe contar con la disponibilidad de tiempo y dinero para poder hacerlo:
    1. En términos de tiempo: porque las Alcaldías Locales atienden de lunes a viernes de 7:00 – 16:30 (horario laboral en el que la mayoría de personas trabaja).
    2. En términos de dinero: porque se debe contar con 37.000 pesos que cuestan las fotos, (tanto del propietario de la mascota, como de la mascota). Más, el dinero para comprar una póliza que aún no está reglamentada y que resulta necesaria para poder registrar al animal. En tanto que el nuevo código de policía ya está vigente, pero la norma aún no ha reglamentado el tipo de póliza y sus condiciones, ya existen en el mercado algunas compañías que ofrecen este servicio.

En este caso, y la primera opción a la que las Alcaldías están remitiendo a los tenedores de estos perros es el seguro ofrecido por FALABELLA. Una señora muy elegante, en la fila de la alcaldía, nos aconsejó tomarla por que como ventajas incluye un microchip, vacunas y una serie de cuidados que son propios de las clínicas veterinarias. Sin ánimos de ofender, esta póliza aceptada para realizar el registro resulta más enfocada en la asistencia veterinaria de la mascota y no tanto en una póliza de responsabilidad civil contra terceros que es la que exige el código de policía.   En todo caso, el costo de esta póliza es de $ 39.990 mensuales , lo que equivale a 479.880 pesos anuales y tiene una cobertura de $5.000.000 millones de pesos frente a la responsabilidad civil y $10.000.000 en caso de muerte accidental[3].

Existen otras pólizas más económicas, como la de SURA que cubren hasta 50 millones de pesos de daños a terceros y cuesta 90.000 pesos anuales.  Ésta no obstante, se oferta como una póliza de “responsabilidad familiar contra terceros” la cual cobija a cada uno de los miembros de la familia, lo que abre otra puerta más interesante aún sobre el eterno debate sobre si las mascotas son una propiedad de la cual se puede o no disponer a nuestro antojo, o si por el contrario, son “un miembro más de la familia” cómo lo certificaría esta póliza que si es aceptada por la Alcaldía Local.

Lastimosamente el debate sobre si las mascotas pueden o no ser consideradas por la ley como un miembro más de la familia escapa a los límites de este texto (así desde un punto meramente subjetivo estemos de acuerdo). Pero no podemos dejar pasar la referencia a la polémica columna de Javier Marías, titulada “Perrolatría”  en la que explica: “Nada tengo contra los perros, que a menudo son simpáticos y además no son responsables de sus dueños”, pero en la que considera como un despropósito el regular los derechos y deberes sobre los animales y no sobre sus propietarios.

Tener una mascota, y sobre todo una mascota considerada de “raza peligrosa”, es hoy un bien club.  De entrada, y con el nuevo código de policía, el tenedor de estos perros debe contar con un capital (no sólo económico, sino cultural) suficiente para poder tener esta clase de perros.  No es extraño que se haya incrementado el numero de abandonos de dichas razas. Las 14 razas incluidas en el nuevo código de policía parecieran tomar entonces la forma de un “bien club” con “externalidades negativas”, ya que no sólo se restringe su acceso a través de distintos mecanismos, sino que a su vez se crean un conjunto de prejuicios tanto sobre el propietario de dichas mascotas, como de las mismas.

El tema de las pólizas, a pesar de las abundantes noticias sobre la no obligatoriedad de las mismas aún es confuso. Sobre dicho tema,  “Voceros de Fasecolda, entidad que agrupa a las aseguradoras, afirman que el seguro solo existirá cuando se expida el decreto reglamentario. ‘La disposición del nuevo Código no se puede ejecutar sin la reglamentación que precise cuál es la cobertura que hay que brindar’, explicaron”[4].

Si bien se debe celebrar el hecho de generar ciertas responsabilidades mínimas sobre las mascotas, tales como sus vacunas, alimento, tenencia y adiestramiento, las disposiciones anteriormente mencionadas parecen darle dos opciones a los propietarios: por una parte, el incumplimiento de la norma ante la falta de capacidades para cumplir con todos los requisitos dispuestos, o el cumplimiento de los mismos para el acceso a un “bien club” como la tenencia de uno de los ejemplares de estas razas a partir de la posibilidad económica para conseguirlos.

  1. El burócrata a nivel de la Calle.

Burocracia PerrunaMichael Lipsky acuñó la expresión de la “burocracia al nivel callejero” con el objetivo de fijar la mirada sobre el contacto real que tienen los ciudadanos de a pie con sus gobiernos. Uno de los principales inconvenientes que encuentran hoy quienes están preocupados por acatar la norma, y por supuesto evitar las sanciones de la misma (que van desde  una multa de $98.362 hasta el decomiso de la mascota por parte de las autoridades) se centra en la lucha frente a la interpretación del código por parte de las oficinas de atención al cliente de las alcaldías locales, frente a la documentación y requisitos para acceder al documento de registro del animal, que varían según el funcionario y su interpretación de la norma.

La expresión de la burocracia al nivel de la calle hace precisamente referencia no propiamente a los legisladores, a los políticos que debaten y tramitan las normas, sino más bien, sobre aquellas instancias del Estado en las cuales las normas se materializan y se hacen efectivas: los policías que implementan las sanciones, los funcionarios que generan filtros y restricciones.

Si bien no es una novedad mencionar el abismo existente entre la norma y la práctica, si es importante reflexionar sobre la forma en la cual el burócrata a partir de su juicio y experiencia, guía, interpreta o en ocasiones reinterpreta la norma según un conjunto de prácticas sobre las cuales la antropología del Estado y la sociología jurídica aún están en deuda en nuestro país.

En nuestro caso en particular, tanto en la alcaldía local de Usaquén como en la de Teusaquillo, los funcionarios argumentaron que el parágrafo del artículo  128 en el cual se establece que “el propietario que se abstenga de adquirir la póliza  de responsabilidad civil extracontractual, acarreará con todos los gastos para indemnizar integralmente al (los)afectados por los prejuicios que ocasione el ejemplar, sin prejuicio de las sanciones que establezca la ley”, no es “facultativo”.  Además, en la alcaldía local de Usaquén, sus funcionarios de atención al ciudadano se basaron en argumentos como: “yo no me he leído el código bien pero sé que eso ya estaba en la ley anterior”.

No obstante, y a pesar de las advertencias de distintos medios de comunicación, tales como las del TIEMPO[5], en las cuales se asegura que aún no se puede exigir la póliza porque ésta no está reglamentada, los funcionarios insisten en que los medios no los regulan a ellos y la póliza debe adquirirse.  Por último, utilizaron el argumento más común: “si quiere tráigame un abogado”, como si para mediar con las instancias del Estado, o poder respetar la ley, fuera necesaria la compañía de un profesional en derecho.

  1. “Váyase por la Fácil”

Por la Facil

De esta experiencia, una lección prima sobre todas las demás y ésta es el consejo del Burócrata: “Eso, váyase por la fácil y compre el seguro en Fallabella”, mientras hacíamos la exposición del código de policía y la página misma de la alcaldía que repiten la información antes mencionada.

Las compañías aseguradoras frente a este mercado emergente fruto de la nueva regulación adoptan sus pólizas para cobijar el requisito, son varias las compañías que ofrecen hoy a los desesperados dueños de estas razas, pólizas que contemplan una cantidad de servicios que van desde guardería, exequias, hasta peluquería, entre otros adicionales que permiten cumplir con el requisito “por la fácil” como lo recomienda el burócrata, pero las cuales en realidad no se articulan con el objetivo fundamental del código que es: la tenencia responsable de estas mascotas y la asignación de deberes y responsabilidades a quienes quieran acceder a este “bien club” (retomando la idea desarrollada anteriormente).

Parece que el nuevo código de policía parte de la premisa de que estas razas son potencialmente una amenaza a la comunidad, casi retornando al argumento genético de la transmisión de actitudes a través de los genes (un argumento común en la Alemania Nazi por ejemplo y su afán de demostrar la prevalencia de una raza superior, o en los Estados Unidos del Siglo XX para demostrar la inferioridad de las personas de un color de piel específico). Son muchas las investigaciones que demuestran que son los entornos y los estímulos que reciben dichos animales los que los llevan a desarrollar ciertas conductas por encima de una predisposición a la maldad (como también lo mostraría con tanta elocuencia la obra de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal). ¿Quizás deberíamos regular entonces más los entornos y las condiciones de dichos animales, más que condenarlos al aislamiento y la ausencia de socialización?

No queremos de ninguna forma desconocer el potencial que tienen los animales enlistados en el nuevo código de policía, y también otros tantos con características físicas similares (como los Labradores, Golden Retrievers, Pastores Alemanes) entre otros, que no están incluidos en la ley. Pero si queremos llamar la atención sobre la importancia de legislar sobre los seres humanos y sobre sus conductas, y no como pareciera en el código legislar sobre el propio animal (dotándolo de una racionalidad y una disposición a la maldad basada en prejuicios replicados por noticias de los medios de comunicación).

Tampoco desconocemos las dudas que puedan tener quienes están en contra de la  tenencia de este tipo de perros, considerándolos como un riesgo social no tanto para sus dueños (aunque el amarillismo se haya nutrido de los ataques aislados a miembros de la familia) sino sobre todo contra terceros. Se podría pensar, retomando la citada columna de Marías, que “Si está prohibido ir por ahí con una pistola o un cuchillo de ciertas dimensiones, no se entiende tanta permisividad con una bestia que obedecerá a su amo y que éste puede lanzar contra quien le plazca. (Dice Marías) Una vez un vecino misantrópico me insultó gravemente, sin motivo, en el portal. Mi reacción normal habría sido encararme con él. Pero el hombre sujetaba a un perro de aspecto fanático, que a su orden habría defendido a su dueño aunque éste no llevara razón. Como es natural, porque a los canes no les corresponde averiguar tales matices, sino someterse ciegamente a quien los alimenta y cuida”.

Incluso en este ejemplo de quien no es un afamado amante de los perros (sino todo lo contrario), se insiste en que las regulaciones y la moral de la sociedad colombiana se debe enfocar más en los dueños y sus responsabilidades, que sobre el animal (cualquier otra raza puede ser entrenada con estos fines, pero tristemente han sido estas las privilegiadas por dueños irresponsables).

Tras nuestro recorrido etnográfico por las Alcaldías Locales, aún nos preguntamos sobre si es o no una posibilidad el adquirir el seguro, sobre todo por qué no encontramos una razón para incluir la explicación de “quien se abstenga de adquirirlo”, como si en el código de tránsito se incluyera la misma frase para “quien se abstenga de conducir en sobriedad”, o en el código penal se contemplara “quien se abstenga de respetar el derecho a la vida”.  No somos abogados, pero con la poca fe que aún nos queda en el Estado pensamos que debe existir alguna razón para incluir dicha salvedad hoy ignorada.

PELIGRSOS LOS PERROS

[3] En el siguiente link se puede ver con detalle la cobertura de la póliza: https://www.segurosfalabella.com.co/web/seguroscolombia/mascotas

[4] http://www.eltiempo.com/politica/justicia/crisis-de-codigo-de-policia-sobre-tratamiento-de-perros-peligrosos/16817346

[5] Para ampliar sobre la no obligatoriedad de la póliza: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/polizas-para-perros-de-raza-peligrosa-no-tienen-reglamentacion/16819368

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