Trans-mi-casa

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Por María Camila Devia Cortés (Feat. El Revés.Org).

El transmilenio, vehículo monoarticulado o biarticulado en el que los bogotanos, chiitas chieños chilombianos chieenses y vecinos del D.C.  “de a pie” (¡oh paradoja!) invertimos descomunales sumas de tiempo y dinero. Yo, por ejemplo, he pasado en los últimos 5 años de mi vida 5.400 horas metida en uno, pagando el valor aproximado de 6’205.000 pesos colombianos (unos 3 250 dólares de los gringos).

 ¿No me cree? Vea, yo vivo en Chía y estudié en el centro de Bogotá. Todos los días viajo del Portal Norte a la estación de Museo del Oro y viceversa. Inclúyale los 4 años de trabajo de universitario, los fines de semana y las salidas a rumbear (mi mamá ya no me deja ir a Andrés), esto, lo que dice es que he pasado aproximadamente 187 días de mi vida dentro de los buses rojos que tanto detestan la mayoría de los habitantes de Bogotham City.

Rico y Apretadito

A diferencia de lo que ocurre en otros casos como el mío (según el último censo de El Revés.org, unos 4.011.912.983 de angustiosos disconformes), defiendo a muerte el Transmilenio, lo amo y lo respeto, admiro a cada una de las personas que hacen parte del Sistema (incluyendo a las “simpáticas” vendedoras de tiquetes y a esos tiernos bachilleres tan guapos con ese peinado que velan por nuestra seguridad) y de verdad quisiera que un día lograra funcionar (al menos durante un día) ¿Que por qué lo quiero? ¡¡Porque esos buses son mi segunda casa!!! Ahí duermo, estudio, trabajo, canto, bailo, desayuno, tomo onces, peleo con conocidos, peleo con desconocidos, lloro, coqueteo, paso guayabo, me enfiesto, me rio y sueño.

La ventaja del Transmi es que le da a una el tiempo suficiente para “arreglar el país” y además al 60% de las Transmimujeres que se suben a los buses, porque están pésimamente vestidas. Uno adquiere el poder suficiente para dar juicios reales sobre la situación del país, las elecciones, la corrupción, la rodilla de Falcao, la paz y hasta para hacer la polla por Miss Universo. El Transmilenio y mi vida dentro de él, me han convertido en dueña y señora de mis palabras. Eso que llaman experiencia y que no se adquiere con 5 años en salones de clase, espacios de debate, arrumes de fotocopias… Es que cuando uno tiene cachete con cachete y pechito con pechito con sus semejantes, los empieza a entender, no solo los putea sino que hasta los quiere y los conoce.

Por ejemplo, cuando usted escucha al tipo de al lado que tiene una mano por encima de su cabeza, diciéndole a la mujer: mi amor ya voy por la 85 y usted mira a las ventanas empañadas por el calor humano y ve a los mariachis de la 57 con caracas, se empieza a cuestionar: ¿será que es la oficial o la moza?, ¿será que se le está escapando?, ¿será que la vieja le da en la jeta?, ¿será que tiene cena con la suegra? Una no solamente responde a las preguntas, sino que justifica la mentira y hasta se queda bien calladita para que la señora no piense que el hombre está con “otra”, mientras le bota un sonrisita (sin mostrar diente), de pura cómplice.

Boda de El RevesYo por eso los invito queridos habitantes de la Atenas Suramericana, a que disfruten sus trayectos, abran los ojos y los oídos. Búrlense de ustedes mismos cuando cambian el iphone de bolsillo cuando el habitante de calle se sube, píquele el ojo a la del bus de al lado, entrene en casa el codazo, el pellizco y la patada, entrene los 5 metros con obstáculos para ganar la silla, llore por la tusa en frente de todos, cáigase sin pena ni vergüenza en la mitad de la estación por la rasca que lleva, hágase el dormido para no dar la silla…

Disfrute del Transmilenio. Por ahora, elreves.org ofrece sus servicios de organización de eventos, desde despedidas para solterxs, hasta matrimonios. Aquí, el primero de ellos.

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