Por la urbanidad gástrica como consenso impuesto

Rappin Ron

Por Sebastián Gámez (Feat. El Revés.Org). En estas fechas tan memorables de piquete electoral, deseamos compartir unas profundas reflexiones, en torno a un asunto que nos tiene actualizando nuestros perfiles de feisbuk sin parar, compartiendo noticias que nadie más lee y diciéndole a todo el mundo, poniendo voz de Martín de Francisco y Santiago Moure: que nos vamos del país… ya que afuera si hay gente ‘tan inteligente como uno’.

Fieles admiradores de la democracia que somos  y de todo lo que implique tumulto y repartición de la torta, antes de unirnos a las campañas de “Yo también saldré a votar en la segunda vuelta”, “Yo no voto y me quejo”, “Yo me quejo de los que no votan”, “Yo soy muy inteligente porque voto”, “La tenia Clara, ahora soy Santo”, con nuestro altruismo característico queremos aportar un aliento en nuestro afán por una sociedad más equitativa, menos vertical, más estética, y donde la horizontalidad sea el centro del discurso político.

La aceptación es el camino a la tolerancia. Pero, ¿qué pasa si nos comemos unos a otros? Ahí surge la democracia, una escogencia que se rige por el hambre de cada quien… En esta ocasión, Gámez Asociados (e hijos), traen una “Reflexión Gourmet” que invita a saborear la horizontalidad social: una propuesta política que aboga por la urbanidad gástrica como consenso impuesto:

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Frente a la época de individualismos electorales, conjuguémonos en el amasijo de la bandeja paisa y apoyemos la campaña: #Yovotoporlahorizontalizaciondelabandejapaisa

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