LACLAU: In Memoriam

Laclau y Luisa en Bogotá.

Para Chantal Mouffe, con admiración y respeto.

Por Luisa Ortiz Pérez. “Si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar”, al entrar por primera vez en su oficina en 1996, Ernesto Laclau, me recibió entonando a voz en cuello los versos de este corrido revolucionario. Yo estoica, sonreí, pensé que era un lindo gesto de solidaridad cultural, él argentino, yo mexicana… pero al ver que sus cejas subían y bajaban invitándome a seguirlo me dí cuenta de que estaba por tomar una de esas decisiones en la vida que la cambian a una.

Canta conmigo, me dice insistiendo, canta… esa siempre fue la invitación de Ernesto. Una invitación a enunciar desde el espacio de la innovación creativa, de la política insumisa, de la significación radical. Hasta más tarde comprendí el peso que cargaba la lectura sobre el quiebre del discurso hegemónico mexicano y el surgimiento de la enunciación de la revolución en clave indígena del Ejército Zapatista de Liberación que expuse en mi tesis doctoral. Tesis que existió gracias a Ernesto Laclau y a David Howarth, quién asumió con valentía la dirección cuando Ernesto inició sus estancias académicas en la Universidad de Búfalo.

La enunciación de ese discurso radical en la Latinoamérica de hoy nos confrontó a más de uno/a a ver que nuestro trabajo académico y nuestros estudios de escritorio se veían obligados a proyectarse hacia esferas de acción, de organización, de activismo y de decisión. Yo ingresé al mundo antagónico de los medios digitales como resultado de mi estudio de la Doctrina del Análisis del Discurso y de ese llamado discursivo.

Al pasar de los años nos fuimos distanciando ideológicamente. Nunca pude comprender cómo apoyaba tanto al Chavismo y al Kirchnerismo, hasta que pacientemente me explicó que las alternativas en ambos países eran aún más impredecibles que estos dos gobiernos populistas. En una de nuestras últimas conversaciones, Ernesto me dijo que los medios digitales eran la última frontera en la que el poder se disputaba y que no habíamos comenzado a identificar quienes eran los actores hegemónicos, pero que el pueblo –the people– siempre lograba interpelar y exponer al poder autoritario. Viendo a Snowden, Assange, Manning comprendo lo que Laclau acertadamente me comunicaba.

Hoy extraño la conversación, el tintineo de moneditas en su bolsillo, su pronunciación incomprensible de conceptos igualmente oscuros con acentos impredecibles, su manía de cantar tango con traducción simultánea al inglés, los cuadritos dibujados en su libreta, extraño lo que éramos y ofrezco en tributo lo que somos: post-marxistas sin pedir disculpas ante un mundo en constante re-enunciación.

“Si por mar en un buque de vela y si por tierra en un tren militar….”,

Bon voyage, Monsieur Laclau.

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