COMPRA DE VOTOS

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Por Álvaro José Escobar.

En Colombia hay tres derechos claves que sustentan la idea de democracia: el primero es el derecho a tener empresa, el segundo es el derecho al voto y el tercero es el derecho a pasear (actualmente se están haciendo muchos esfuerzos en garantizar un cuarto derecho: el acceso a Internet). La idea del derecho al voto presupone que aquel que vota hace una elección trascendental en la cual pone en juego todas sus competencias como ciudadano. El derecho al voto implica que el ciudadano se sienta a pensar, a sopesar opciones, a debatir, a ver cifras, a comparar programas de gobierno y hasta a tener rupturas irreconciliables con la familia porque el ciudadano a preferido una opción sobre otra.  Eso es votar.

Contrario a este ejercicio están las personas que a cambio de unos pesos, un tamál o un sancocho se evitan todas esas lecturas y debates, y votan por aquél que les dio esas pequeñas muestras de afecto. Podríamos hasta decir que esa es una publicidad efectiva, sin embargo ese voto es considerado como malo, que no corresponde con los valores democráticos. El ciudadano tiene que elegir ideas. Pero ¿Quién me garantiza que el candidato que compró los votos no pensó muy bien su proyecto de gobierno? Es más, podríamos pensar que es tan buen administrador que hasta le sobra plata de la campaña para repartir comida a los que tienen hambre. Igual no importa, eso es compra de votos.

Aparentemente las víctimas directas (porque las indirectas somos todos) de esas compras de votos son pobres campesinos sin estudio que no son capaces de comprender la importancia del voto y de elegir una propuesta de gobierno. Sin embargo esa compra es también practicada por ilustres estudiantes y becarios de las más importantes universidades públicas y privadas del país. El voto en Colombia es un derecho mas no una obligación, existe la opción política de no votar. Luego de sentarme a pensar, a sopesar opciones, de ver cifras, de comparar programas de gobierno y de pelearme irreconciliablemente con mi familia, puedo decidir no ir a votar.

Puede que me censuren y no me dejen escribir más en este importante medio, pero en aras de la democracia tengo que hacer la denuncia. En una charla, el director de ELREVES reconoció que había vendido su voto. Y no solo una vez ¿Cómo lo hace? Se dirige a las urnas, daña el tarjetón invalidando su voto o vota por cualquiera y sale con el certificado de votación en su mano. Luego, con este mismo certificado, reclama su recibo de pago del postdoctorado  con el respectivo descuento por haber votado. Él no votaría, pero le han comprado su opción política. ¿Qué puede hacer un tamál frente a un descuento en la matricula? Muy poco. Pero no olvidemos que ni la educación, ni la alimentación son derechos en Colombia, son simples mecanismos que te permiten ejercer tu derecho al voto.

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