MIGUELITO

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Por Álvaro José Escobar.

Cuando alguien se muere, los familiares, los amigos y todos los dolientes coinciden en reconocer que aquel cadáver, cuando tenía vida, era una buena persona. Los más suspicaces, luego de reflexionar un poco,  no dudan en decir: “todo muerto es bueno”. Esta frase, evidentemente  quiere decir todo lo contrario  de lo que está diciendo: como está muerto, ahora todo el mundo dice que el muerto fue buena persona. Como murió, sus pecados quedaron redimidos. Morimos para demostrar que somos buenos (porque claro, cualquier antropólogo podría decir que hay culturas donde la gente no muere realmente). Pero, era necesario que Miguelito muriera.

Podemos atar cabos y pensar que Miguelito era heroinómano. En una de las pocas entrevistas que dio a los medios dijo que lo más malo en la vida era la heroína. Dijo que esa droga era muy mala y que le hacía mucho daño a la gente que la consumía ¿La había probado? La sombra está ahí y, según dicen, muchos cantantes son drogadictos ¿Murió Miguelito para redimir sus pecados con las inyecciones?

Cuesta creerlo. Miguelito tenía cara de ángel y nueve hermanos. A sus once años su vida trascurría en el aeropuerto de su ciudad buscando dinero ya fuera cuidando carros o cantando. Con eso aportaba en buena medida al mantenimiento de su numerosa familia. Un día ocurre el milagro, un productor lo ve y lo escucha cantar. Le encanta. Graban un disco. Al poco tiempo de haberlo grabado, Miguelito muere aplastado por un carro. Todo muerto es bueno.

Escuchémoslo:

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