El Poeta que Parte Armas

Como dijimos en pasadas ocasiones esto de la no violencia es un tema que nos aburre terriblemente. Nuestra alergia al incienso, nuestra falta de paciencia ante las demostraciones ancestrales neo/geronto-hippies y nuestro “malacopismo” hacen que para nosotros sea impensable hablar con tanta fe de la No Violencia como una vía, un camino, una religión… ni siquiera como una salida de emergencia (acabando con las metáforas ingenieristicas).

Creemos sin embargo en el absurdo Hasta el absurdo de leer/escribir esto. (In)Consecuentes como somos, nos embarcamos en el absurdo de viajar con 120 personas de costa a costa gringa, para demandar cinco objetivos muy concretos a los estadounidenses, ya no en una marcha tirándole piedras a MacDonals, pidiendo que asuman la corresponsabilidad que tienen en estas cuestiones.

Aunque nadie nos crea que no estamos de vacaciones, durante días hemos acompañado a un poeta que desde que su hijo fue asesinado decidió salir a caminar. Cientos de Sanchos vamos tras un Quijote que camina por los Estados Unidos pidiendo lo que a nadie se le ocurre (o lo que muchos sólo decimos en medio de unas cervezas entre amigos).

Sicilia, es un poeta, que tiene los huevos tan grandes como para pararse frente a una feria de armas llena de gringos en Albuquerque, quienes orgullosos llevan a sus hijos a comprar su nuevo juguete, o para visitar a uno de los Sheriff más racistas de los EEUU. El poeta grita para que aumenten los controles a la venta de armas y se evite el contrabando hacia México que está matando a miles. Nosotros casi casi lo esperamos en la esquina…

Javier Sicilia es un poeta que besa, que insulta, que abraza, que fuma, que con 45 grados usa chaleco, sombrero, chaqueta, pantalón entubado y arregazado, bota militar y manillas (Pulseras dicen los mexicanos!).

Como ya es de conocimiento general nuestro amor por Wikipedia, no vamos a hacer periodismo reescribir un perfil de quien es Javier Sicilia. (Como sabemos que son tan flojos si dan click aquí pueden leerlo escrito por alguien más).

En síntesis, llamamos la atención sobre las acciones que realiza el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad por estos días. Un movimiento, que para nosotros, no es un “movimiento no violento” en el sentido en el que esto comúnmente se entiende. Lejos de la cursilería propia de quienes se dicen pacifistas, el MPJD es más bien terriblemente violento: en la plazas públicas de las ciudades que recorre, el MPJD confronta a las personas con los testimonios de las victimas de la violencia (que son sus protagonistas). Al compartir su dolor y hacerlo público, el efecto sobre el interlocutor es más que una bofetada, las victimas muestran su dolor y comparten su humanidad: ponen a las personas en su lugar.

Jean Paul Sartre, en uno de sus momentos más lucidos dijo: “el infierno son los otros”. En cada plaza, estos padres y madres de desaparecidos comparten el infierno que vivieron, el infierno en manos de otros.

El Poeta no nos aburre.

In Sicilia we trust!

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