Hayek, o el genoma de la bestia

Por Paco Gómez Nadal.

Respuesta en diez atrevimientos al artículo ¿Qué hacer con las vacas flacas? Hayek vs. Keynes. Tras un primer estallido de ira contra el autor, la tormenta deja paso a algunas reflexiones tan contradictorias como las que se atreve a rebatir.

1. Hayek no es desconocido. Sólo está ‘restringido’. Si las teorías económicas de Hayek fueran conocidas entre la mayoría de los ciudadanos estaríamos preparados para resistirlas. Mantenerlas entre los amanuenses de los monasterios de la ultraderecha económica ha servido para aplicarlas en el momento adecuado, sin nombrar la paternidad de las mismas, sin descifrar el genoma de la bestia. Yo conocí a Hayex hace ahora 12 años, mientras editaba el libro ¿Todo Vale?, de Patricia Ramírez. Leer el ideario [siempre hay ideología tras la economía] de Hayek fue descubrir que había un libro base, una biblia del neoliberalismo de la que bebían los cachorros voraces de la postmodernidad capitalista.

2. El problema no son las ideas radicales sobre el “libre mercado” y el no intervencionismo del Estado del austriaco austero, sino que éste creo escuela. La sociedad Mont Pelerin era un club de economistas defensores del laissez-faire que tuvieron que aguardar décadas hasta encontrar su hueco en la historia. Cuando lo hicieron, Latinoamérica, las repúblicas de la ex Unión Soviética, varios países del Este de Europa, de África, Reino Unido y Estados Unidos conocieron la peor etapa para sus pueblos y la mejor para las élites. El principal ahijado de Hayek fue el economista contraparte de dictadores Milton Friedman. Friedman fue a su vez el padre de la escuela de Chicago y, posteriormente, de los Chicago Boys que inundaron los gobiernos de Argentina, Chile, Bolivia, México o Colombia.

 3. Es atrevido casi insinuar que la lectura de las crisis económicas de Hayek parten de una mirada sobria, prudente y parca de la realidad. Hayek era un libertario de derechas que considera que el Estado es nocivo y que la regulación de la sociedad hay que dejarla en manos de la desregulación del mercado. En la lógica evolucionista económica de Hayek el mercado determina quién sobrevive y quién no a la lucha diaria en la trinchera de la compra y venta.

4. Es cierto que quien llevó a la práctica la locura de Hayek fue, en especial, el premio Nobel Friedman, un visionario de ultraderecha que tiene mucho que ver con lo sucedido en el Chile de Pinochet, en la Argentina de Videla, en la China capitalcomunista post Tian’anmen o en la Polonia desregularizada de Walesa… Pero Hayek orbita siempre en las prácticas más brutales de este capitalismo sin espíritu o del capitalismo del desastre, como lo denomina Naomi Klein.

5. Presentar la situación actual como un enfrentamiento entre las teorías de Hayek y Keynes es simplificar para medrar. La técnica de la polarización sólo beneficia a los que la impulsan. Keynes es fruto del crac de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial. Keynes es mostrado casi como un socialista manirroto por los seguidores de Hayek, cuando Keynes fue la salvación del sistema capitalista. Ante la tentación que significaba la propuesta comunista, Keynes entendió  que garantizar la paz social y transferir fondos a las clases más desfavorecidas era sembrar futuro para el sistema. Las opciones eran capitalismo en tensión o capitalismo en calma: la primera no hacía concesiones y apostaba a que la cascada del crecimiento compensara alguna vez los desequilibrios; la segunda planteaba cierta ‘generosidad’ controlada para evitar la revuelta de los Don Nadie.

6. Hayek vs. Keynes es como derecha vs izquierda… es decir, la nada. Igual que no hay una sola izquierda, no hay izquierda en Keynes. El Estado del Bienestar, heredero del economista británico, es tan perverso como el estado de las empresas de Hayek o Friedman. Fue Keynes quien impulsó la creación del FMI o del Banco Mundial, y fue Friedman y sus chicos quienes supieron aprovechar esas instituciones para jugar a las cartas con los países y plantear macroreformas que, algunas veces, cabían en una servilleta de papel (como en el caso de Bolivia).

7. El control parcial del mercado planteado por Keynes no es equiparable a socialismo, ya que era una consecuencia directa del desastre de 1929, de la constatación de que los mercados, cuando tienen demasiada libertad, se descontrolan y destruyen el tejido productivo y social.  Es divertido ver como en estos raps de contraposición se olvidan del otro gran economista que ha influenciado las sociedades contemporáneas [Carlos Marx]… imagino que a estos raperos y a sus financiadores no les dieron la clasecita de la plusvalía, de la acumulación originaria o de los bienes de producción.

8. La lógica keynesiana del endeudamiento público para permitir la inversión pública en sectores no rentables desde la óptica del mercado funcionaba cuando los Estados tenían una política monetaria soberana. Keynes no tuvo en cuenta el golpe de estado financiero de los mercados en los años ochenta del siglo pasado, cuando los Estados cedieron la maquina de hacer dinero a la banca privada. Desde entonces, la deuda pública es, en realidad, un negocio privado.

9. Los seguidores de Hayek aman la palabra austeridad y suelen demonizar todo lo público como un despilfarro. Nunca será rentable desde la lógica capitalista la inversión en educación o salud pública, o en infraestructuras para todas y todos, o en políticas activas ambientales o de género. Por eso, precisamente, tiene sentido el Estado y la inversión sin límite de éste. Demonizar la política o lo público es parte del discurso del liberalismo económico más radical para contraponer esos valores a la sacrosanta libertad individual: esa que provoca el todos contra tofos y el sálvese quien pueda.

10. La historia no ha acabado, como escribió el discípulo hayekiano Francis Fukuyama. Pero sí evoluciona y quizá el reto sea trascender a  estos dos economistas. O, mejor, trascender a todos los economistas. El diseño de la sociedad no puede quedar en manos de científicos tan poco exactos, no puede tener como referencia una supuesta ciencia tan poco científica como la Economía. En ninguno de los dos [Hayek o Keynes] encontraremos teoría ni práctica sobre el procomún, o sobre la lógica cooperativista, o sobre la autogestión… No las encontraremos porque ese nuevo mundo que estamos construyendo no parte de la ecuación productividad-acumulación, sino del espíritu de colaboración-redistribución.

Hayek vs Keynes es la fórmula cero capitalismo vs capitalismo. Al capitalismo hay que oponer otros horizontes.

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