Música Líquida (llámela como quiera o como mejor venda)

Por Camilo Guevara.

Hablar de posmodernidad definitivamente vende (también de palabras afines: hipermodernidad o modernidad liquida, etc.). El número de publicaciones, con las palabritas mágicas, ha venido creciendo exponencialmente. Por ejemplo, cuando Zygmunt Bauman uno de los sociólogos que utilizo para hablar carreta percibió que su libro Modernidad Líquida era un éxito, comenzó a diestra y siniestra a explotar la formula comercial: Publicar sobre “cualquier cosa” + “la palabra líquido”, o tal vez “líquida”, para los defensores del lenguaje no sexista. Entre 2000 y 2010, escribió al menos seis títulos con la misma fórmula: Miedo Liquido, Amor Liquido, Arte ¿Liquido?, Tiempos Líquidos, La Educación en Tiempos Líquidos…etc.

Bauman ha gastado mucha prosa para explicar su concepto de lo “líquido” como un estado de la materia que no adopta una forma precisa sino que se moldea según su recipiente. Esto suena a una cosa bien inútil ¿no? Pero es terriblemente importante, por ejemplo, cuando usted compra mermelada en frasco y se la ha terminado de untar a las galletas luego bota el envase a la basura, ¿qué se puede hacer con eso? Exceptuando la inmensa minoría que se aun se queda con el vaso para servir el jugo cuando hay más invitados que vajilla, en condiciones normales, las cosas (hasta los vasos de mermelada) se usan y se tiran.

La vida liquida es una vida en la que los actos humanos adquieren esta propiedad del consumismo de los vasos de mermelada. Su tiempo de duración se reduce y las condiciones de actuación cambian antes de que se formen hábitos y costumbres. Lo líquido entonces es una metáfora para interpretar cualquier fenómeno en el que el tiempo ha dejado de ser continuo y se ha vuelto puntillado (one point in time).

En estos momentos el sociólogo posmoderno para seguir vendiendo debe estar preparando algo que se llame Sexo Liquido, pero mientras termina de hacer su aporte a la sexología posmoderna, aquí se tomará la dichosa formula para comprender las transiciones musicales que nos acompañan desde los 90. Eso sí, nos lanzamos con la ilusión de que se consuma con el mismo anhelo que los libros de Bauman (guiño).

Música Líquida, posmodernidad musical o música posmoderna, en fin, llámela como quiera o como mejor venda.

Hace cincuenta años no teníamos la explosión de géneros musicales que tenemos hoy, era más fácil hacer una distinción entre corrientes, aunque también más difícil hacer justicia a la diversidad musical. No teníamos esas vainas, disque de Power Heavy Metal Melódico, HardcoreEmo Punk, ni mucho menos Drum’n’Bass o Dubstep…unos años atrás, todavía, las percepciones de tiempos y espacios generaban más continuidades que rupturas, por tanto, era posible la cohesión de varios géneros en una misma categoría. AC/DC, por ejemplo, simplemente tocaba rock en 1975, no se encasillaba como una banda de metal o hard rock.

En los países en los que el capitalismo fue hegemónico, triunfó una sensación casi totalitaria de cohesión y seguridad, en detrimento de la libertad y la liberación personal. Las actividades cotidianas se estructuraron bajo el imaginario de la estabilidad y las nociones de fragmentación, desorden y caos, eran excepciones. La música, como una de las expresiones constantes más importante de lo cotidiano, por supuesto, tampoco escapó…

El tempo de las composiciones musicales era fundamentalmente la expresión de un tiempo continuo relativamente lento. Esto lo observamos, por ejemplo, en las pulsaciones por minuto –Beats Per minute– (Bpm) que miden el tempo de algunos géneros musicales clásicos, donde nos encontramos con un rango que va de 80 a 100 pulsaciones por minuto, como en el caso de:

  • Hip Hop: 80-110 BPM.

  • Classic R&B: 80-90 BPM.

  • 60’s Rock:  90-120

  • Tango: 50-56 BPM.

A finales de la década de los setenta, se empieza a generar una nueva estructura espacio-temporal, la cual puede relacionarse con la restructuración de las relaciones de producción. La aceleración en el tiempo de ganancia por supuesto que no sólo se restringió al plano de lo económico, al mismo tiempo empezó a experimentarse en las demás esferas de la vida cotidiana donde el horizonte temporal se empezaba a reducir a un presente eterno.

Las promesas a largo plazo comenzaron a fastidiar y con ello se dio inicio al florecimiento de una época posromántica, se debilitaron reestructuraron los lazos con lo clásico e inició la explosión de nuevos procesos de personalización e individualismo. El norte: Nada que huela homogeneidad. Atrás quedó la producción en masa, los ejércitos de reserva, por una ilusión de diferencia y  exclusividad, tal vez, consumo a la carta. Yo “Soy Quien Soy” es el eslogan que orienta el consumismo.

También se generaron nuevos ambientes festivos y mudó el humor en las nuevas formas de relación. Aparentemente se remplaza la disciplina y el castigo, por la flexibilidad y la comunicación, se defiende el respeto a la diferencia de estilos y visiones del mundo. El caos y el principio de incertidumbre socaban la visión MECANOdeterminista del mundo. Descubrimos que Dios si juega a los dados con el mundo

La música, sin duda, respondió también a nuevas estructuras espacio-temporales. Desde los años 80’s (aprox) surgieron nuevas corrientes de géneros musicales que empezaron a duplicar las pulsaciones por minuto de los géneros clásicos. Casos como los del:

Drum ‘n’ Bass: 160-190 BPM

Techno Hardcore & Dubstep: 165-220 BPM

Perreo Chacalonero:  – (Aca los Beats son de otra intensidad)

Reggaeton-core:  140-200 BPM.

Speedcore: 200-600 BPM (llegando a 2000 BPM en algunos temas)

En la mayoría de géneros, como puede verse con claridad, se duplican las pulsaciones por minuto con respecto a los géneros musicales clásicos, lo que muestra quizás la necesidad de tener más experiencias en la misma unidad de tiempo. La percepción de un tiempo y un espacio comprimido refleja y expresa nuevas prácticas culturales.

Sin duda el abordaje de este texto es muy general y el interés esta puesto en una comprensión global, que no hace justicia a realidades particulares.

No es el interés del artículo criticar el surgimiento de nuevos géneros musicales. Tampoco pretende hallar la causa primigenia que mágicamente explique nuestros gustos negando otros factores culturales. Tampoco pretendemos tomar partido en el interminable debate modernidad/modernidad liquida, pues en realidad éstas son dos caras de una misma moneda.

Le proponemos más bien que trate de comprender por qué escucha lo que escucha, mas allá del simple: “me gusta y punto, es así”. Pregúntese por qué surgen determinados géneros musicales en un instante y por qué pueden llegar a gustar algunos géneros que sin duda no hubieran gustado a las pasadas generaciones. Es más un ejercicio de comprensión de la raisond’être de nuestras prácticas culturales (musicales). En todos los géneros hay basura, pero también cosas interesantes. No se cierre musicalmente, se puede estar perdiendo de lo bueno…

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