El Artista del Tatuaje de Muqattam

Por Jenny Gustafsson.

Todas las tardes, después de terminar su trabajo de ingeniero en la ciudad, Girgis Gabriel Girgis hace su camino por las laderas de Muqattam, una gran colina polvorienta en el sur-este de El Cairo. Él conduce a través de Manshiyet Naser, el área donde los residentes reciclan, a mano, gran parte de la basura doméstica diaria de El Cairo, para llegar al monasterio de San Samaan. Aquí es donde, en un puesto justo delante de la iglesia más grande en el Medio Oriente, Girgis trabaja en su segundo, y muy amado, trabajo – como artista de tatuajes.

El lugar de Girgis es pequeño: un puesto con dos sillas, una para él y otra para el cliente – una mesa con botellas de tinta de muchos colores, y algunas repisas en la pared lateral, donde sellos de madera están alineados. Letras amarillas y rojas dicen “دق”, la palabra egipcia para tatuaje, y hay unas calcomanías de la revista Tattoo Magazine. El puesto está ocupado, sobre todo hoy en el primer día del Eid el-Adha, una de las fiestas principales de Egipto.

“Está más concurrido que de costumbre debido al Eid. Cuando es fin de semana o cuando las escuelas están cerradas, mucha gente viene aquí. Así que estoy muy ocupado ahora”, dice Girgis. “En un día normal, es más silencioso. Pero todavía tengo clientes todos los días. Yo suelo hacer alrededor de cinco a siete tatuajes al día. Casi todos ellos con el mismo motivo: Una cruz Copta”.

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Las pequeñas cruces son usadas por muchos de los Coptos de Egipto. Azul oscuro, de no más de un centímetro cuadrado, están tatuadas al interior de la muñeca derecha o en el dorso de la mano. A lo largo de la historia, el tatuaje ha funcionado como una forma de identificación social de los Coptos, marcando su pertenencia religiosa y comunitaria. La comunidad que representa un 10% de la población de Egipto, 8 millones de personas, tiene una tradición larga de tatuajes, heredada de sus antepasados faraónicos. Son estos antiguos egipcios los que se encuentran entre los primeros en proveer evidencias del arte del tatuaje: se han encontrado momias con tatuajes desde el segundo milenio antes de Cristo

Los Coptos egipcios, al igual que los de Etiopía, tradicionalmente se hacen sus tatuajes en peregrinación a Jerusalén. Para los peregrinos, el tatuaje de la cruz marcaba una prueba de su viaje y fue un símbolo con el que se enorgullecían. Los tatuadores de Jerusalén utilizaban sellos de madera con el fin de acelerar el proceso, haciendo posible tatuar a un gran número de peregrinos. El mismo tipo de bloques de madera siguen siendo utilizados por los artistas Coptos de Egipto en la actualidad.

Girgis apunta a su colección de sellos, que tienen motivos que van desde la Virgen María y Mar Girgis a cruces de varias formas.

“Estos son algunos de los tatuajes que hago. En su mayoría motivos religiosos: el retrato de Jesús, cruces, santos o iglesias. Pero yo también hago tatuajes a mano alzada, cualquier cosa que la gente quiera que haga. Sucede que yo hago tatuajes no-cristianos también, pero eso es sobre todo a los extranjeros, no egipcios. Los egipcios vienen por los símbolos religiosos”.

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MARCANDO UNA TRADICIÓN COPTA

Los tatuajes son una importante expresión cultural para muchos Coptos. Mientras que la vieja costumbre de la mujer que lleva una cruz entre las cejas, ahora ha desaparecido (aunque todavía se practica entre los cristianos de Etiopía), la pequeña cruz en la muñeca es común dentro de la comunidad. Para la mayoría de los niños Coptos, es natural hacerse un tatuaje con Girgis o uno de sus colegas, por lo general fuera de la iglesia durante un Moulid nacional. Hay incluso una canción popular de niños Coptos que inicia con la frase “¿Quieres saber por qué soy cristiano …  Y por qué me pongo el tatuaje la cruz en mi mano?”.

Durante los últimos veinticinco años, Girgis ha mantenido su puesto en Saint Samaan abierto casi todos los días. El monasterio es un lugar popular para los visitantes de todo El Cairo, que vienen a visitar las iglesias o a socializar con amigos y familiares. Situado a sólo 10 minutos de la calle principal de Manshiyat Naser, proporciona un merecido descanso de las pilas de basura que cubren las calles del barrio, y de su olor insoportable. El lugar también tiene su propia leyenda: Muqattam, la montaña sobre la que está situado el monasterio, se dice que ha sido movida por un milagro realizado en el siglo X por San Samaan. Hoy Muqattam es uno de los lugares más sagrados de la iglesia Copta.

El puesto de Girgis está rodeado de gente hablando, esperando por un tatuaje, o viendo a otros ser tatuados. Familias, parejas, amigos y niños del barrio componen la multitud del pequeño puesto al aire libre. Muchos tienen las muñecas tatuadas por Girgis; algunos llevan su arte en sus brazos y los hombros. Un joven muestra una gran cruz tatuada en su espalda, una chica en su temprana adolescencia se sube la manga para mostrar tres tatuajes en su brazo derecho.

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“Siempre me ha gustado dibujar, así es como empezó todo. Luego yo aprendí a tatuar con un pariente”, explica Girgis. “Hacerlo correctamente es muy importante. Yo uso una aguja nueva cada vez. Lo mismo pasa con la tinta”. Él muestra la papelera en la esquina, llena de agujas desechables y cápsulas pequeñas de tinta azul. Él coge su máquina de tatuaje. “He mejorado mis herramientas también. La máquina que uso ahora es mi propia invención. La vieja no era muy buena, y hacía mucho ruido. Así que construí esta”.

Girgis mira hacia arriba mientras se prepara para tatuar la muñeca de un niño, que está acompañado por su padre. “Ha habido un cambio recientemente, desde los acontecimientos de el Ahdath”, dice, refiriéndose a los asesinatos de 27 manifestantes durante la protesta principalmente Copta del 9 de octubre, conocida como la Masacre de Maspero, y los ataques extremistas contra las iglesias que le precedieron . “Ahora la gente viene aquí me pide que rellene sus tatuajes, o que haga otros nuevos. Ellos no tienen miedo o tratan de esconder que son Coptos. Están orgullosos de su identidad. Así que lo quieren demostrar que a través de sus tatuajes”. El padre junto a Girgis asiente con la cabeza. “Sí. Se trata de la dignidad”.

Cualquiera que sea la razón para hacerse el tatuaje de la cruz -comunales, religiosas, personales o de otra índole- Girgis lo hará en menos de 10 segundos; tan poco que algunos niños llegan incluso a contener las lágrimas antes de saltar de la silla con una sonrisa victoriosa. ¿El precio de uno? Diez gineihs, un poco más de 1 Euro. “Pero el precio no es fijo”, dice Girgis. “Yo no pido a todos 10 gineihs. A aquellos que pueden pagar, sí, pero a los otros, les cobro 5. O incluso nada a quienes no pueden permitírselo. Mish assasi el flous – El dinero no es esencial”.

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Fotos por: Karim Mostafa

http://mashallahnews.com/

Traducción de Hugo Ramírez.

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