Por la liberación de la marihuana: ¡No se enchonche!

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Por Pedro MalaSangre. “Es que Dios odia a los marihuaneros”, fue, entre risas, el primer comentario que surgía al medio día del sábado 19 de mayo. Luego de una mañana soleada el cielo se tapó de nubes y la lluvia empezó a amenazar. Apenas unas 20 personas en el denominado “Parque de los Hippies” de Bogotá, pocas banderas, pocas pancartas, pero mucho pizquero.  Una convocatoria en Facebook había puesto la cita, muchos no sabíamos quiénes eran los “organizadores”, apenas conocíamos de una experiencia similar en Medellín unas semanas atrás en la que había asistido bastante gente. “Legalicémosla entonces”, un papelito y a rascar. La lluvia seguía cayendo, todos buscando techo o bajo un árbol mirando de reojo el CAI que a unos pocos metros vigila el parque.

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Conforme el tiempo fue corriendo, la lluvia cesó y al fin alguien tomó la vocería. Un Colinosaurio de más de 40 años se animó a dar unas palabras, agradecer la asistencia y animar a que lo “pegáramos bien grande”.  Mientras tanto la Señora Ley en sus motos se animó a dar un vistazo, claro como no, unos 50 marihuaneros fúmele que fúmele en plena Cra 7ª un sábado a medio día. Pese al primer susto, la presencia de los policías sirvió para que la gente se hiciera en un mismo lugar, “péguelo”, “préndalo”, “rótelo” y a marchar.

Luego de un aparente consenso (qué difícil poner a 50 marihuaneros de acuerdo) se trazó la ruta: “Entonces vamos por la calle 63 hasta que encontremos el Simón Bolívar, allá nos vamos a pillar con el parche que viene de Fontibón” lideró el Colinosaurio. Aparecieron entonces las matas, bien bonitas y grandotas lucidas por sus orgullosos dueños, banderas, carteles, música… Las primeras cuadras una fiesta, mucho humo y risas buscando la calle 63. El sol apareció y con él, el enchonche (“qué jodido es marchar todo turro”), la presencia de la marcha (aproximadamente unas 80 personas) iba y venía, dependiendo de la traba. “¡¡¡No-seen-chonche-no-seen-chonche!!!” empezaron a gritar los que venían más atrás y entre risas despertaron a la mayoría. Al llegar al Parque Lourdes gente que caminaba por ahí y que no tenía idea de lo que pasaba terminó uniéndose al parche. Incluso unos cuchos de más de 70 años que tomaban tintico en una cafetería del parque terminaron arengando y fumando.

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Entre más caminábamos, más policía se acercaba, en un momento creo que fue más el número de policías que de caminantes. Toda una experiencia resultó fumarse un baretico al lado de un policía. Al principio muchos no nos animamos a hacerlo “no parce, qué video con el tombo ahí al lado”, “pero ¿por qué no?”. De eso se trataba.

La fiesta se prendió al alcanzar la Virgilio Barco, un par de músicos con tambor y saxofón al hombro acompañaron la marcha durante más de 30 minutos, jazz, mucho jazz y marihuana, mucha marihuana por toda la calle 63 hasta que finalmente vimos el parque, el tan anhelado punto de encuentro con los otros burros. La dispersión fue total al ver los carritos de perros, las hamburguesas con gaseosa a 3 lukas y el pingüino de Bon Ice.

En el parque, la cosa pasó por un momento jarto. El espacio que la alcaldía otorgó para el plantón estaba fuertemente custodiado por la policía (con requisa incluida para entrar al “triángulo” del parque). Ya adentro lo de siempre: muchos querían hablar incluso empujando o rajando del otro, pero nada hizo mella, “rásquelo”, “péguelo”, “préndalo” y “rótelo”. Música, cultura cannábica (películas, repostería, fanzines, calcomanías, bla, bla) y mucho de lo que los Colinosaurios advirtieron como el “trasfondo de la marcha”: Hable que hable, dónde y cómo sembrar, los lugares para comprar “los corotos”, recetas, chismes, mitos…

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Comunidad Cannábica en formación, consiente, difundiendo el uso y abuso de la hoja de marihuana, desarmando ese rollo de que se trata de una enfermedad… Como dicen por ahí “Ustedes son los enfermos, nosotros estamos locos”.

Ya sabe, pa la próxima, asista, marche, péguelo. No se enchonche.

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